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Internet: la gran ventana indiscreta

Cada uno de nuestros pasos en Internet es monitorizado y controlado por los distintos servidores por los que hemos transitado. Desde los ISP, hasta los gobiernos, pasando por Google, Yahoo, Microsoft, Facebook, Twitter… y quién sabe qué más.

El último escándalo de la administración Obama está encaminado en este sentido. Y, a pesar de ser algo que siempre ha ocurrido, o se sospechaba que así pasaba, ha sido ahora cuando hemos visto el verdadero poder de nuestra navegación en Internet.

Por ejemplo, Google registra información de nuestros hábitos de búsquedas y la utiliza para mostrarnos anuncios que puedan captar nuestro interés, vender estadísticas u ofrecer servicios avanzados. Pero no es solamente este buscador, otras empresas hacen lo mismo. De ahí el afán por colocar en nuestros navegadores barras de herramientas cuya principal misión es obtener información acerca de los hábitos de búsqueda en Internet por parte de los usuarios.

En principio, nadie en Internet, en Facebook, Twitter o cualquier otra red social se dedica a leer ese tipo de información, porque estamos hablando de un volumen ingente. Pero existen unos programas que la analizan en busca de patrones o datos interesantes.

Pero esto no solo ocurre en el ordenador. Los móviles también son espiados y muchas apps gratuitas reúnen información para mandarnos la publicidad más adecuada a nuestro perfil.

Los gobiernos, como hemos visto recientemente, también hacen lo mismo. Por ejemplo, la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) de Estados Unidos guarda millones de registros de llamadas de las operadoras norteamericanas y una buena porción del tráfico de Internet que circula por el país. Luego son analizados automáticamente, con unos programas diseñados para ello, en búsqueda de relaciones y avisan a los operadores en caso de que encuentren algo que pueda ser de su interés.

Pero, este tipo de prácticas no están relacionadas únicamente con el mundo viral y de Internet, sino que en el plano real también se dan. Un ejemplo muy claro serían los comercios que recogen los datos de compra de nuestras tarjetas de fidelización para averiguar qué tipos de productos se compran juntos… y así… ordenar los estantes o hacer ofertas de los mismos que sean más atractivas. ¿A salvo en el mundo real? Parece ser… que no.

Así que… una solución podría ser cifrar todos los datos que se guarden, incluso en su propio ordenador. Guardar las contraseñas en lugar seguro y no divulgarlas, y si es posible, mandar la información de los emails cifrada.

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